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Fenómeno de El Niño no apaga las nubes

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Mientras los termómetros globales y las alertas oficiales del Ideam confirman el desarrollo del Fenómeno de El Niño en Colombia, los ciudadanos de Bogotá y diversas regiones del país continúan presenciando intensas lluvias, granizadas y fuertes descargas eléctricas. Este aparente contrasentido genera confusión entre la población; sin embargo, las autoridades meteorológicas explican que El Niño no opera como un interruptor que frena en seco las precipitaciones, sino como un regulador que altera los volúmenes acumulados mientras convive con fenómenos locales de alta intensidad.

 

Existe un mito extendido sobre el Fenómeno de El Niño según el cual las precipitaciones desaparecen por completo. De acuerdo con el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), este evento de variabilidad climática se traduce principalmente en una reducción del promedio total de lluvia acumulada durante la temporada y en un aumento persistente de las temperaturas terrestres. Las dinámicas climatológicas normales del país siguen su curso, lo que significa que la presencia del fenómeno interfiere con la cantidad final de agua recibida, pero no extingue los ciclos de condensación propios de regiones como la Andina o el Pacífico.

 

El choque térmico y la formación de tormentas locales

El detonante fundamental de los aguaceros recientes en Bogotá y el Altiplano Cundiboyacense radica en el marcado contraste de temperaturas a lo largo del día. El Niño propicia mañanas de radiación solar intensa y cielos despejados que calientan fuertemente la superficie. Cuando este aire cálido asciende y se choca con masas de aire húmedo provenientes de la Amazonía o del océano Pacífico, se desencadena una rápida convección. Este choque térmico genera nubes de gran desarrollo vertical (cumulonimbus) que descargan lluvias de corta duración pero de extrema fuerza, acompañadas de granizo y tormentas eléctricas.

La bimodalidad climática y las ventanas de preparación

A este comportamiento de la física atmosférica se suma la climatología habitual del país. En el centro de Colombia, meses como octubre y noviembre corresponden históricamente a temporadas bimodalmente húmedas. Aunque el volumen total de estas precipitaciones tienda a estar por debajo de las medias históricas debido a la presencia de El Niño, la intensidad puntual de los eventos no disminuye. Por ello, las autoridades han enfatizado que estos aguaceros temporales deben aprovecharse para el abastecimiento de reservas hídricas, previo al inicio de la temporada típicamente más seca.