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Luz verde al soterramiento en Bogotá

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El Concejo de Bogotá dio luz verde definitiva a una iniciativa que obliga a las empresas de telecomunicaciones y energía a retirar los cables en desuso y a enterrar las redes activas, marcando el fin de más de un siglo de contaminación visual y riesgos de seguridad en el espacio público capitalino.

Bogotá inició formalmente la transición hacia un modelo de ciudad sin ‘telarañas’ aéreas. Tras superar su segundo y último debate en el Concejo, la propuesta impulsada por el concejal Juan David Quintero —e integrada en el artículo 48 de la reciente reforma tributaria— abre la puerta al desmonte paulatino de los tendidos eléctricos y de telecomunicaciones que abarrotan postes y fachadas en las 20 localidades. La medida solo espera la firma y sanción del alcalde para su entrada en vigencia, fijando como meta inicial el arranque de los operativos de limpieza durante el mes de octubre.

Para el concejal ponente, el acuerdo representa un hito en la gestión del espacio público tras más de cien años de crecimiento desordenado de la infraestructura aérea. «Bogotá renuncia al cablerío que durante más de un siglo ocupó nuestros postes. Presentamos esta propuesta, la defendimos y hoy logramos que el Concejo la aprobara en último debate. Ahora falta la sanción del alcalde para comenzar a ordenar la ciudad», enfatizó Quintero durante la plenaria.

Limpieza inmediata y soterramiento obligatorio

El marco normativo aprobado traza una hoja de ruta clara dividida en dos frentes: el cableado inservible y el operativo. Frente a las redes abandonadas, las empresas propietarias estarán obligadas a identificarlas, georreferenciarlas y presentar un plan de desmonte priorizado. En caso de que los privados incumplan con el retiro, la administración distrital asumirá directamente las labores de desmontaje y trasladará la factura de los costos operativos a los operadores responsables.

En cuanto a las líneas que permanecen en funcionamiento, la norma exige su migración progresiva hacia canales subterráneos. Este proceso se coordinará a la par con las megaobras e intervenciones viales que adelante la ciudad, ajustándose a la factibilidad técnica de cada sector. Asimismo, la regulación inhabilita la instalación de nuevas redes aéreas: toda ampliación, reemplazo o tendido inédito deberá ir bajo tierra de forma obligatoria, salvo excepciones estrictamente sustentadas en criterios técnicos, ambientales o de seguridad urbanística.

Peligro latente y cifras del caos aéreo

El respaldo del cabildo distrital a esta iniciativa respondió a un panorama diagnóstico desalentador respecto al estado de la infraestructura en las calles. Se calcula que aproximadamente el 70 % de los cables colgados en la red de postes de la capital están en desuso, convertidos en basura espacial acumulada por décadas. A este escenario se suma que el 72,36 % del alumbrado público de la ciudad todavía depende de conexiones aéreas expuestas al deterioro y a la intemperie.

Más allá de la contaminación visual, la problemática tocó fibras en materia de salud y seguridad ciudadana. La necesidad de acelerar el desmonte cobró relevancia crítica al revelarse que, a lo largo de 2025, 99 personas sufrieron lesiones en Bogotá por incidentes relacionados con el contacto o caída de cables en las vías públicas. Con la nueva reglamentación, el Distrito busca erradicar esta amenaza latente y garantizar senderos más seguros para los peatones.